miércoles, 15 de abril de 2009

El rock en medellin y su lucha por sobrevivir


Esta crónica no trata el tema de las botas, los taches y los atavíos en general, cuando predomina el color negro. Tampoco vamos a hablar de las crestas, los piercings, los tatuajes y aquellas historias casi míticas de los que no se bañan, andan drogados y pertenecen a alguna secta o culto malvado. Esta crónica es simplemente un esfuerzo mas, por entender lo que por muchos años en Medellín, no se ha querido entender ni atender. Es un pequeño recuento acerca de la lucha de muchas generaciones, que año tras año, día tras día, han gritado a los cuatro vientos por medio de su vida misma que en Medellín, el rock existe y es necesario solo un pequeño empujón, para que este no se quede en el intento de llegar a ser lo que debería ser.

Corría el año 1985 cuando de las comunas nororiental y noroccidental bajaban manadas de individuos nocturnos, de cabelleras largas y andar meditabundo. Para ese entonces y no se por que, mi cuadra era el punto de encuentro de por lo menos 500 metaleros, que se reunían una vez al año y no dejaban dormir a nadie debido a su música, las risas y una que otra botella que se partía luego de un rato de jolgorio en aquella noche.

El sitio de concentración era la casa de al lado, casa de primer piso con terraza, que siempre se disponía como tarima para el grupo de metaleros que apuntaban a su publico en la calle. Todo esto era para mi un espectáculo, a decir verdad, pienso que yo era el único niño de la época que podía quedarse hasta tarde viendo como tocaban, se empujaban y cantaban. Para esa hora todo el mundo se escondía en sus casas. Tal era el impacto que causaba la reunión anual, que el temor que existía en las madres era épico y la posibilidad que alguno de esos demonios entrara volando por la ventana y raptara a alguno de sus hijos para chuparle la sangre, era casi una leyenda que se hacia realidad en la cabeza de algún padre trastornado por aquellas rarezas.

El sonido de la batería, las guitarras y las voces retumbaba por toda la calle, para ese entonces yo no sabia que era todo eso, no sabia que música era, es mas, no sabia acerca de la existencia de la música, mucho menos entendía lo que decían, pero si me acuerdo de la emoción que me producía ver todo aquello a la edad de cinco años, cuando poco se entiende pero mucho se aprende. Tiempo después, entendí muchas cosas, Olimpo, Oswaldo y Andrés Klaus eran los líderes del movimiento por esta zona, ellos eran los que llenaban la cuadra de rock, y lo supe luego de su aparición en la película Rodrigo D no futuro de 1990. ahí comprendí, que el rock no era simplemente música... era una lucha constante, una lucha en contra de la nada y el todo.

El tiempo paso y los años ochenta fueron quedando atrás, todo el mundo podrá recordar esa época como el momento en que la música gringa contagió a la juventud de Medellín, los peinados largos, los colores vivos y la aparición de los pendientes, aretes y collares, todo era extravagante, y eso era lo que lo hacia bueno y llamativo para los jóvenes. De ahí en adelante la ciudad se lleno cada vez mas de rock, las modas iban llegando y se creaban nuevas tribus, todas dentro del género musical más amplio del mundo.

Veracruz estereo en todo su auge, se dejaba escuchar en los radios y equipos de la juventud rockera, los pendientes en la oreja izquierda eran un icono de rebeldía, la llegada del new wave con bandas como depeche mode y the cure acerco mas gente al rock con un estilo distinto, ya no solo era el heavy y el punk de los ochentas encabezado por Bon jovi, Poison, Cinderella, Sex pistols, Exploited y muchos mas. Era el grunge de Seattle, el reggae jamaiquino y uno que otro ingles con nombre de formulario para el desempleo, el metal vikingo de los países mas al norte de Europa y el New wave de Londres y otras ciudades inglesas los que inundaron en poco tiempo el panorama rockero en Medellín.

De ahí en adelante, el rock ya era realidad, ignorado pero realidad. Ser rockero en Medellín era ser pobre, la mayor parte vivía al norte de la ciudad o por los lados del Belén que es casi Itagui, el rock era música de esquina o terraza como lo fue en los ochentas y la poca o mucha música que se conseguía era copia de la copia de la copia de un casette copiado.

La calidad del rock en Medellín no era mucha, y la muestra eran las dos o tres bandas que existían por comuna, por lo general tocaban música punk con guitarras viejas y desoctavadas, poco afinadas y muy insipientes. Sin embargo eso era lo máximo. las bandas de rock existentes en la ciudad se contaban con los dedos, se conocían y se admiraban por todos los que se declaraban rockeros y alguna que otra mama que prestaba la terraza o el garaje para el ajetreo; eran los rebeldes máximos. La posibilidad de incursionar en el rock durante los ochentas y hasta principios de los noventa era casi imposible, se necesitaba persistencia, tiempo y un poco de testarudez.

La consola vieja del equipo de sonido en algunas de las casa servia como amplificador, y vaya que sonaba, era la única forma de darle vida a las viejas y ajetreadas guitarras y bajos, igualmente se hacia con el micrófono, y algunas baterías contaban con cueros de vaca porque los parches sintéticos eran artículos de lujo. Todo esto se mezclaba y producía un sonido que aunque bien intencionado, era falto de calidad y agudeza creativa.

A partir de 1992, las cosas empezaron a mejorar para el rock, en Medellín se abrieron los primeros bares con esta música, se empezaron a realizar los primeros conciertos importantes, muchos de ellos en el Teatro Carlos Vieco. a pesar de todo, la gente ya no veía el rock como algo malvado se limitaban a tildar al rock y sus seguidores con apelativos como Gomelo o Niuguey. así apodaron a todo aquel que siguiera alguna corriente del genero sin importar cual fuera, durante muchos años el rockero simplemente era eso, en medio de burlas o simple facilismo la gente creo etiquetas que en medio de todo lo malo resultaban jocosas, pero eso si, tildándolo antes de loco o distinto ante el resto del mundo.



La llegada del pantalones rotos, las leñadoras y el cabello medio enmarañado, marcaron la bienvenida a Medellín del genero que mas trascendencia tuvo durante la mitad de la década de los noventas, el grunge, con bandas como alice in chains, pearl jam y su principal exponente nirvana, del que todavía hoy se pueden ver afiches en las calles del centro, envolvieron a toda una generación y llevaron al punto mas alto el movimiento rockero en la ciudad. Todo esto, coincidía con la explosión de bandas que se venia presentando a la luz publica y uno que otro medio de comunicación.

Sin embargo estas no eran mas que un esfuerzo por contagiarse un poco de las corrientes estadounidenses que ya habían pasado por el país. Cuando el heavy fue el icono en estados unidos, acá no existía casi música, y luego cuando el heavy bajo las manos y dios paso a otros géneros en Medellín se comenzó a tocar algo de heavy.

Muy a pesar que el panorama y el abanico de posibilidades musicales se abría, en Medellín no sonaban muchas bandas, o al menos no lo hacían masivamente. De hecho la pionera en cuanto a los toques públicos y los recorridos nocturnos eran los estados alterados, una banda de new wave conformada por un dúo que luego se volvió quinteto y mediante teclados y pelos alborotados al mejor estilo Duran duran, The cure o Love and rockets comenzaron con sus noches en el blue, uno de los primeros bares de rock perversamente ubicado lejos de la comunidad rockera pobre.

De ahí en adelante el rock comenzó a tomar fuerza, para 1994 Radioaktiva se convirtió en la vitrina para las nuevas bandas de la ciudad, el rock se empezó a regar, y cada vez mas generaciones querían vincularse a la causa. Algunas de las bandas de rock local adquirían sus instrumentos a altos costos pero lastimosamente lo valían. Eso marcaría el camino de algunas bandas, sus contenidos y forma de mostrarse ante el publico.

Debido al costo de los instrumentos y la poca posibilidad de grabar un material discográfico de calidad, muchas bandas de las periferias de la ciudad se encerraron en su entorno dando entrada al movimiento underground medellinense, que se mantiene activo hasta el día de hoy con bandas como fértil miseria e ira, pioneras del punk local.

ya entonces el rock no era de pobres, era de todos. Bandas como Estados alterados, Juanita dientes verdes, Neus, Kraken y Ekhymosis, provenientes de zonas como Envigado, Itagui, la floresta y calazans gritaban a los cuatro vientos que el camino era difícil pero valía la pena luchar por el, con buenos instrumentos y empeño constante.

Fue así como estados alterados logro ubicar uno de sus videos en la cadena Mtv que recién se comenzaba a ver en Colombia gracias a Veracruz Tv cable, esto fue un impulso grandísimo para el rock colombiano, y eso lo atendieron las bandas de la capital que gracias a aterciopelados y la derecha meses después, lograron empatar la proeza del grupo antioqueño. Sin embargo las cosas no pararían ahí.

Ya para el año 98 y el resto del siglo, el rock se mostraba en Medellín no solo como un movimiento, sino, como un negocio. La venta de afiches, camisetas y CD’s que ya eran mas o menos asequibles para el grueso de la población juvenil de la ciudad genero una ola music-mercantil que invadió a todo el mundo e impulso el deseo de conocer mas, escuchar mas y tocar mas.

las letras cambiaron y los gustos también. ya no era necesario hablar mas de violencia, narcotráfico y desigualdad. las nuevas bandas comenzaron a oxigenar el mercado musical que el mismo Tom Araya de la mundialmente conocida banda Slayer mencionaría como el mas pesado del mundo, debido a las letras y las cadencias musicales que en las bandas del lado underground se realizaban.

Para este momento, los jóvenes se empezaron a armar de buenos instrumentos musicales, ya no era tan imposible una batería, un teclado o una guitarra, las bandas comenzaron a tocar, y a esto se sumo la masificacion de la televisión por cable, que amplio el panorama musical y enamoro a los jóvenes con el estilo de vida, los conciertos multitudinarios y la posibilidad de vivir de la música rock.

Por esos días se vino el terremoto de Armenia, y lastimosamente este fue el momento ideal para que mediante la obtención de ayudas y recursos para las victimas, Medellín y radioactiva armaran uno de los mejores conciertos en la historia de la ciudad. La rockaton 1999 sirvió para mostrar en medio del inerte velódromo ante 35 mil personas, que el rock en Medellín había alcanzado el pico, y todo lo que salía de las manos de un rockero y sus cuerdas era puro amor y ganas de sonar por todos lados.

Medellín para final de siglo se vio invadido de géneros como el nuevo funk, el hardcore, el rock sinfónico y el neopunk. Sin olvidar festivales como woodstock 1999, rock en río y el mítico rock al parque en bogota, prendiendo así todas las alarmas acerca de la necesidad de un festival de rock propio en la ciudad de Medellín, fue ahí donde con el cambio de siglo surgió de la nada, el mal llamado festival de rock a lo paisa.

Este festival que en principio se mostró como una buena vitrina para algunas bandas de la ciudad no fue mas que un fraude, aparte de la pobre asistencia y el desconcierto de la población roquera en general por su alto costo, 25.000 pesos, se sumo la mala organización, la lluvia, la falta de historia y la escogencia de las bandas a dedo, lo que genero un problema que hasta hoy no se ha podido limpiar, el supuesto monopolio de las elites y la presencia de grupos consentidos en el rock de Medellín.

Sin embrago la existencia de muchos bares a lo largo del área metropolitana saciaba un poco esas ganas de rockera que seguían prendidas en muchos rockeros de los 70’s, 80’s y 90’s de la ciudad. Bares como el Sweet rock, ubicado en la 70 con la 30 mantenían el ambiente prendido, y se habían convertido en una posibilidad de estar vinculado a la familia rockera de Medellín, al lado de radioactiva y los conciertos de mederock en el vieco y las estaciones del metro, donde la ciudad tuvo la oportunidad de brincar y vivir el rock de la forma que las grandes ciudades, cada fin de semana, sin descanso y con toda la calidad posible.

De ahí en adelante y hasta hace poco, la ciudad y en general el rock y todos sus adeptos, han venido librando una batalla por ganar su espacio definitivo. Bandas como el pez, bajo tierra, frecuencia y muchas otras desaparecieron después de años de lucha finales de los noventa. Sin embargo el panorama no estaba del todo negro, radioactiva continuaba prendida y algunas viejas bandas y otras muy nuevas seguían presentándose en parques, bares y una que otra plazoleta.

Luego de la explosión de skateboard, los tatuajes, los piercings, los san alejos, la torta y la botella de cherry la ciudad estaba lista para alzarse como la urbe del rock en Colombia, pero a pesar de todo, las cosas nunca fueron así.

La comunidad rockera estaba pasando por su peor crisis en la corta historia del género en Medellín. Para el 2003, la existencia de bandas y conciertos estaba apaciguada, el rock se limito a la intimidad de la casa, el mp3 y los discman. La música se individualizo. La posibilidad de conciertos era poca, los grupos monótonos, los espacios limitados y el espíritu muy pobre. Radioactiva como emisora no iba mas, los intereses comerciales de caracol pudieron más que la música rock. y la emisora muy a pesar de todo fue desaparecida del aire para poner vallenatos. Debido a que estos si tenían acogida y buen público, publico que gastaba, publico obrero y con posibilidad de soportar cualquier tipo de artista. a ellos no se les podía juzgar, el rock se pasmo, así era, y nadie había movido un dedo.

Cuando el rock moría, muchas ideas e ideales morían con el. Medellín se estaba quedando sin rock, sin música fuerte, y para martirio del orgullo paisa, bogota y Cali cada vez crecían mas y con mejores bandas, con festivales de verdad y mucho espíritu rockero y eso era lo que en Medellín por esos días escaseaba.

De repente, a finales del 2004, la excusa de recoger ayudas para damnificados y victimas de la pobreza, sirvió para que se realizara un concierto de todo un día en lo que curiosamente era una contradicción. La plaza de toros de la macarena era el espacio para que los roqueros surgieran de nuevo, y los acordes que siempre estuvieron en contra del espectáculo taurino volvieran a retumbar. Ya era hora de utilizar el escenario al que Luis Pérez. Alcalde de la ciudad había decidido modernizar, ese día la macarena recibió a por lo menos veinte mil rockeros, muchas toneladas de ayudas para los pobres y mas de 15 bandas, comprometidas con que ese día se volviera a repetir alguna vez.

Aquí empezó el cambio, luego de todo un día de rock, de esos que no se vivía hacia mucho tiempo y la banda mexicana kynky cerro el espectáculo, la gente sonreía y la fe rockera regresaba. De ahí en adelante Altavoz se institucionalizo, la necesidad de un festival para la ciudad se hizo realidad, y hasta ahora todo va bien, el rock ha vuelto, grupos como habako, así lo saben ellos son un grupo de rockeros de los que este cambio beneficio, después de tocar en muchas partes y por muchos años, hoy ya pueden grabar un disco, tocar ante tres mil personas y tener instrumentos respetables.

Los años fueron pasando, y altavoz se volvió un hecho. Ya van 5 ediciones y año tras año promete mejorar. Bandas como bersuit vergarabat, los pericos, Kinky, Sepultura, Jaguares, y La maldita vecindad han pasado por la ciudad. En medio de el pantanero que siempre se arma en la cancha del cincuentenario a falta de un buen escenario para conciertos en Medellín.

Lastimosamente y toca decirlo, todo tiempo pasado fue mejor, y muy a pesar de los esfuerzos de la alcaldía por mantener en pie este proyecto anual, Medellín paso 4 años si emisora de rock, Veracruz esterero, la otrora emisora de pop y nuevas corrientes disco reencauchadas, trato de renacer como una nueva opción mediante la apropiación de viejas costumbres de la extinta radioactiva y fracaso. Solo duro un año, y la gente se fue cansando poco a poco de la repetidora de canciones, los mismos individuos, y el exceso de presencia comercial que desviaba el sentido real que la emisora debía tener.

En pleno 2008, reapareció radioactiva, esta vez comandada desde bogota donde nunca murió y se ha mantenido por mas de 15 años. Y en ese momento no se podía exigir mas. Los paisas que siempre fueron los principales detractores de la capital, tuvieron que aceptar a las patadas que el rock ya no se hacia desde acá, y que bogota era un ejemplo de persistencia y devoción roquera. Ahora radioactiva se escucha en todo Medellín de nuevo y si bien la escena local sigue sufriendo por aquel mito de la rosca inventado por allá a final de los noventa. la escena a comenzado a moverse, y aunque repetitivas y en algunos casos sosas y molestas, las bandas han comenzado a pulular.

La música rock en Medellín ha venido en evolución después de la involución, inicio sin mucha fuerza y logro colocarse en la cima, luego murió o se durmió, y ahora salta con mas fuerza pero con menos calidad. Pero a fin de cuentas así funciona. Esto es negocio y hoy en día todo lo es. Gracias a la música los noventas quedaran para todos como la década en la que nos enamoramos y nos desencantamos.

Hasta el año 2009 la fe rockera, o algo así lo esta logrando, esperemos que cosas como altavoz, y las tiendas que hoy por hoy traen de afuera mucha música para escuchar sigan trabajando por el rock, y aunque algunos digan que en el rock hay grupos consentidos, y es verdad, no se puede negar que ahora y gracias a los medios y la globalización el rock en Medellín se esta salvando, y a lo mejor algún día, todas esas bandas que hoy no vienen acá por la involución que tuvimos y por no ser la capital, vengan, para que Medellín viva rockera y si algún día muere también lo haga así, con esa condición, empuñando una guitarra como allá en la calle donde empezó esta historia.





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